martes, 30 de diciembre de 2008

Me dieron ganas de escribirte, no podía dejar de pensar en tí.
Me hubiese gustado tanto poder contarte lo que me sucedió hoy.
Sé que me hubieses prestado toda tu atención y me hubieses dado un buen consejo.
Es verdad que a veces no nos poníamos de acuerdo y no nos entendíamos, pero yo sabía que en los momentos en que te necesitaba podía incondicionalmente contar contigo.
Me gustaría que vieras a lo que he llegado, me haría feliz saber que quizás, he podido cumplir alguno de los sueños que tú tenías para mí, y tenerte en mi casa, y poder cuidarte como tú siempre me cuidaste en la tuya, y compartir una mesa, y sentir todo ese aroma que tenían tus cosas.
Lo que daría por poder sentarme a tu lado, tomarte de la mano y volverte a escuchar!
Y por volver a sentir tus manos y tus besos... esos besos de alegría cuando me veías llegar y tus abrazos de despedida que no me querían soltar, y por volver a ver tus ojos mirándome con amor, y escuchar tu risa y tu voz.
Me pregunto porqué al recordarte ahora que he crecido, puedo comprenderte tanto, y a su vez me siento más niño que nunca.
Me hacés tanta falta...
No podía dejar de pensar en ti, pero mientras te escribía esta carta, esta carta que sé que jamás enviaré, mientras buscaba las palabras, pude gozar de tu compañia invisible y sentir en mi corazón que más allà de los latidos, más allá de los años y los días y más allá de la vida... siempre estaremos juntos.

Abuelo: a pesar del poco tiempo que pasabámos juntos, yo recuerdo cada uno como si fueran únicos, necesito de vos, necesito de mi abuelo. Te quiero, y te extraño muchísimo; me conformo con la idea de que en algún momento nos volveremos a encontrar, y que estás por algún lugar cuidando de mí. Lau ~

No hay comentarios:

Publicar un comentario